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17 de agosto de 2017 | #1470

“La más importante revolución agraria de la historia” (I)

La importancia que Lenin dio al campesinado en Rusia está reflejada en el lugar que le concedió en las Tesis de Abril y la búsqueda obsesiva de la mejor táctica para lograr el alineamiento del mujik -el campesino sin tierra. “Lenin era casi el único entre los bolcheviques de esa época en reconocer su importancia máxima”, acierta E. H. Carr. En aquellas Tesis, Lenin es extremadamente cuidadoso en relación con su papel futuro: “No podemos saber exactamente si dentro de poco se desarrollará en el campo ruso una revolución agraria poderosa. No podemos saber cuán profunda es la diferencia… que divide al campesinado en obreros agrícolas, obreros temporarios y campesinos pobres (“semiproletarios”), de un lado; y campesinos ricos y medios (capitalistas y pequeños capitalistas) del otro”. Sólo la experiencia podía resolver una cuestión como ésta. Pero Lenin va a plantear, aún en la incertidumbre, una línea de acción: nacionalización de todas las tierras y que los soviets regionales y locales de diputados campesinos dispongan enteramente de la tierra y fijen las condiciones de su posesión y disfrute. Pondrá énfasis, sin embargo, en un llamado a los campesinos “para que realicen inmediatamente y por su propia cuenta la reforma agraria”. Que “procedan”, con la previa decisión de los soviets, “a la confiscación inmediata de las tierras”.
 
La masa campesina estaba liderada políticamente por los socialistas revolucionarios (SR) y éstos apoyaban al Gobierno Provisional, que condicionaba la entrega de la tierra a una Constituyente sin fecha y cuya mayoría era partidaria de la nacionalización con pago, una política de rescate de los terratenientes. Lenin no sabía si los SR romperían su dependencia de la burguesía pero introdujo una cuña, al llamar al apoderamiento de las tierras, que chocó violentamente con la política del Gobierno Provisional. En la Conferencia de abril del Partido Bolchevique (POSDR), Lenin explicará esta política y llamará a poner el acento en que la entrega de la tierra al campesino debía preceder a la consigna que estipulaba la nacionalización de la tierra, afirmando que “para nosotros, lo que es importante es el acto revolucionario, mientras que la ley debe ser su consecuencia”. Lenin es coherente consigo mismo: en el IV Congreso del POSDR (1906) llegó a enmendar su propio proyecto de resolución sustituyendo la palabra “confiscar” por “apoderarse”, explicando que “la confiscación es el reconocimiento jurídico del acto de apoderarse” que le es previo y exige la acción directa.
 
Un sindicato de obreros agrícolas que no avanzó
 
En la Conferencia de sindicatos de Rusia (4 al 11 de julio), Lenin consideró de la máxima importancia la creación de un sindicato de obreros agrícolas. Aunque Trotsky lo atribuyó a que “Lenin consideraba aún posible que los cooperativistas… y los kulaks (campesinos ricos) atrajesen a la gran masa de los campesinos hacia un acuerdo con la burguesía y los propietarios”, la propuesta de Lenin era estratégica y tuvo expresión en aquel mismo congreso de 1906, en el que se aprobó una resolución llamando a la creación de un sindicato de obreros agrícolas “para hacerle ver el antagonismo irreconciliable entre sus intereses y los de la burguesía campesina (y) precaverle de la tentación del sistema de las pequeñas economías que, dejando subsistente el régimen de producción de mercancías, no es capaz de acabar con la miseria de las masas y, finalmente, demostrarle la necesidad de una completa transformación socialista”. Llegará tan lejos en su impulso a favor de este sindicato que planteará la donación de un jornal de todos los trabajadores organizados para consolidar la alianza entre los obreros asalariados del campo y la ciudad. Lenin advertirá, en particular, contra el planteo (SR) de que la futura abolición de la propiedad privada y el reparto de la tierra llevarían a la desaparición del trabajo asalariado en la agricultura y enfatizará la necesidad de que el proletariado rural defienda sus intereses de clase frente a la revolución agraria que se avecinaba.
 
Excepto en ciertas provincias del Báltico, la constitución de sindicatos o soviets de jornaleros agrícolas no prosperó. Tampoco los campesinos pobres pusieron en pie formas independientes de organización. Al analizar el problema, Trotsky desechó atribuir el hecho sólo al atraso de estos sectores. “En los dos problemas más importantes -escribirá- el de los arrendamientos y el del trabajo asalariado, resalta… cómo los intereses generales de la lucha contra las sobrevivencias serviles obstruye el camino de una política independiente”. En Rusia, una masa de aproximadamente cien millones de campesinos arrendaba a los propietarios de la nobleza 29, 4 millones de hectáreas y, entre el pago del canon y las malas cosechas, casi el 50% de las familias campesinas tenían un ingreso inferior a lo que se consideraba un mínimo vital. “Al estallar la Revolución de Febrero, la lucha contra la expoliación en los arriendos se convirtió en el eje del movimiento campesino. Menor lugar, aunque considerable, ocupaba la de los obreros agrícolas…”. “Pero, desde que se abrió la posibilidad de llevar las cosas hasta el final, es decir, apoderarse de las tierras e instalarse en ellas, el campesino pobre ya no se interesó en los arrendamientos y el sindicato comenzó a perder su fuerza de atracción sobre los obreros agrícolas”. El campesino se agrupó en función de la obtención de la tierra pero buscando respaldarse en el Gobierno Provisorio contra el propietario de la nobleza.
 
¿Aislamiento político?
 
Trotsky exhumará una encuesta según la cual de febrero a octubre de 1917 hubo casi 5.000 conflictos agrarios con los propietarios nobles mientras los conflictos con la burguesía campesina sólo llegaron a poco más de 300. Es decir, el movimiento de lucha campesino, en esta fase, no se dirigía contra el régimen capitalista sino contra las rémoras de la servidumbre. La lucha contra los kulaks -campesinos ricos y, a la vez, en gran parte, usureros- se librará, finalmente, desde 1918, cuando la guerra social había terminado de barrer con los propietarios nobles.
 
Al menos hasta mayo los campesinos aceptaron el liderazgo de los SR, casi sin fisuras. En el Congreso de los soviets campesinos realizado en ese mes, Chernov, principal ideólogo de los SR y ministro en el Gobierno Provisional, obtuvo 810 votos en la elección para integrar el Comité Ejecutivo de los Soviets, Kerensky, su máximo protagonista, 804. Lenin, apenas 20. A la confiscación de las tierras se oponían no sólo los propietarios nobles sino también los banqueros, que habían otorgado préstamos hipotecarios a campesinos arrendatarios y propietarios por 4.000 millones de rublos. ¿Cuál era el eslabón débil de esta política de contención? La política del Gobierno Provisional y de los SR era llegar a un compromiso con propietarios nobles y banqueros sobre el destino de las tierras y las deudas, pero una política de esta naturaleza exigía no ocupar las tierras y este inmovilismo se tornó inviable frente a la lucha de clases que comenzó a operarse en el campo.
 
Más allá de una u otra encuesta, las admoniciones del Gobierno Provisional contra el apoderamiento de las tierras son un dato fehaciente de que hacia fines de julio de 1917 -aún a pesar del reflujo de las masas provocado por las Jornadas de Julio- se abrió una nueva fase en la situación revolucionaria, a partir del fracaso de la ofensiva militar y la insurrección campesina. La cuestión de la tierra no se planteaba de modo aislado: el campesino era expoliado como deudor, ante el banco prestamista; como vendedor, frente a los precios obligatorios del trigo fijados por el gobierno y como comprador, frente al precio imposible de los productos de la industria. Se dibujaba en el horizonte el problema de las relaciones económicas entre la ciudad y el campo, que la burocracia estalinista “resolvería” al costo de la colectivización forzosa y millones de muertos.
 
Un partido sin campesinos…
 
¿Cómo llegó el bolcheviquismo, un partido sin raíces en el movimiento campesino, a convertirse en protagonista de la revolución agraria? Obreros y campesinos poseían infinidad de vínculos. Numerosas empresas industriales de la concentradísima clase obrera rusa estaban en el campo. Cada paro forzoso, cada lock-out imponía el regreso del obrero a la aldea pero, en muchos casos, convertido en agitador. Incidió también la agudeza organizativa. Hacia mediados de 1917 comenzaron a formarse en San Petersburgo asociaciones obreras regionales que agrupaban a los oriundos de un lugar, muchos de los cuales se convirtieron en agitadores. Poco antes de Octubre, se unificaron en un Secretariado bajo dirección de los bolcheviques. Nada comparable, sin embargo, con el papel de muchos de los soldados campesinos que volvían del frente, ganados por la agitación revolucionaria.
 
En uno u otro caso, obreros y soldados despertaron a miles de campesinos a la política revolucionaria, pero la fuerza de los bolcheviques fue su política. En mayo de 1917, en una carta abierta a aquel Congreso de Diputados Campesinos en el que obtuvo apenas un puñado de votos, Lenin planteó que toda la cuestión agraria se concentraba en un punto: “Si los campesinos, en la localidad misma y sobre la marcha, debían apoderarse de la tierra sin pagar a los propietarios ninguna renta y sin esperar a la Asamblea Constituyente, o si no habían de hacerlo”. Esta consigna se abrió paso, más que cualquier acción de aparato, y logró partir a los SR, cuya ala izquierda sería parte del primer gobierno soviético.
 
 
Fuentes:
E.H. Carr: La Revolución Bolchevique, Tomo II, Alianza, Madrid, 1982.
V.I. Lenin: Obras Completas, Tomos XI y XXIV, Cartago, Buenos Aires, 1958.
León Trotsky: Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Galerna, Buenos Aires, 1972.

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