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25 de enero de 2007 | #979

Utilizar la crisis creada por la guerra para derrocar a la burguesía

A comienzos de 1917, en vísperas del estallido de la Revolución Rusa, comenzaba a verse con claridad el realismo del pronóstico de que la guerra imperialista engendraría la revolución proletaria europea. No sólo en Rusia sino también en Francia y Alemania, se registraban revueltas de soldados y manifestaciones contra la guerra. El escritor Curzio Malaparte describe así la situación: “Al principio de 1917, hechos de una gravedad excepcional ocurrían en todos los ejércitos combatientes de Europa. Los pronunciamientos, las revueltas, los actos de insubordinación colectiva se habían vuelto frecuentes. En Francia como en Alemania y en Austria, en Rusia como en Italia, el pueblo de las trincheras daba signos de fatiga e intolerancia. La amenaza de los más graves castigos no alcanzaba a poner freno a las deserciones. Batallones enteros se negaban a volver a las líneas”. La movilización contra la guerra en todos los países comenzaba a tomar tal amplitud que hay historiadores que sugieren que Estados Unidos entró en guerra, en abril de 1917, para impedir que el empantanamiento entre los dos bloques beligerantes llevara a Europa, como ya por entonces había llevado a Rusia, por el camino de la revolución.
 
Es lo que había previsto la “Resolución sobre la guerra y el militarismo”, aprobada en el Congreso de la Internacional Socialista realizado en Stuttgart en 1907.
 
La resolución caracteriza la guerra que se avecinaba como imperialista y anticipaba que la consecuencia de esa guerra —que la burguesía pretendía utilizar como un arma contra la revolución– sería, precisamente, la revolución. Planteaba que la tarea de los socialistas era utilizar la crisis provocada por la guerra para movilizar a las masas por el derrocamiento de la burguesía. La resolución de 1907 —que cinco años más tarde reproducirá, en lo esencial, la resolución de otro Congreso de la Internacional Socialista, esta vez reunido en Basilea– sentó las bases para la política de los revolucionarios frente a la guerra imperialista.
 
Inmediatamente después del Congreso, en el informe que presentó a los socialistas rusos, Lenin señalaba que el acierto político de la resolución adoptada era su énfasis en que “la lucha debe consistir (…) no simplemente en reemplazar la guerra por la paz. Lo esencial no es solamente prevenir la guerra sino utilizar la crisis creada por la guerra para acelerar el derrocamiento de la burguesía”. En esta observación está contenida toda la política de Lenin frente a la guerra imperialista.
 
Contradictoriamente, el Congreso que aprobó esa resolución no estaba dominado por el ala revolucionaria de la II Internacional. En Stuttgart, la tendencia oportunista que se había desarrollado en el seno de la socialdemocracia se presentó con una enorme fuerza. Esto quedó en evidencia en varios debates, en particular el debate sobre la cuestión colonial. A diferencia de todos los congresos anteriores, que habían condenado frontalmente el colonialismo, la resolución aprobada por la comisión respectiva señalaba que “bajo el socialismo, la política colonial puede jugar un papel civilizador”. En el plenario del Congreso, esta resolución fue rechazada por un margen muy estrecho, luego de un acalorado debate.
 
¿Cómo pudo entonces este Congreso aprobar una resolución revolucionaria sobre la guerra?
 
En los debates, los dos principales bloques políticos del Congreso (los partidos alemán y francés) reivindicaban el principio de la “defensa de la patria” en una “guerra defensiva”. Pero en la guerra imperialista que se avecinaba, los socialistas no podían considerar “agredido” a ninguno de los bandos: ya ninguno luchaba por la formación de los Estados nacionales sino por la opresión nacional de las colonias y un nuevo reparto de los mercados entre monopolios y Estados rivales.
 
La contradicción entre los dos bloques (la defensa de la “patria” francesa sólo podía realizarse a expensas de la alemana y viceversa) permitió que el ala izquierda, que era absolutamente minoritaria en el Congreso, lograra hacer aprobar una serie de enmiendas. Esas enmiendas, defendidas en la comisión redactora por Rosa Luxemburgo en representación de los socialistas de Rusia y Polonia (que constituían el ala izquierda) y redactadas en conjunto con Lenin, dieron el carácter a la resolución contra la guerra. (Las enmiendas presentadas por Rosa Luxemburgo e incorporadas en la redacción final se presentan diferenciadas en itálica).
 
En el partido alemán, el más importante de la Internacional, la principal figura política era August Bebel, uno de los fundadores y constructores de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional. Tornero de profesión, Bebel dirigió la gran obra de construcción del socialismo alemán a fines del siglo XIX; como consecuencia de esa actividad, sufrió numerosos encarcelamientos. Fue, según Lenin, “el modelo de líder obrero (...) en el período en que el proletariado se prepara y reúne fuerzas”.
 
En su intervención sobre la resolución acerca de la guerra en el Congreso de Stuttgart, Bebel advierte a la burguesía de que la guerra llevará a la revolución. Pero, por sobre todo, celebra la tarea realizada por la socialdemocracia al organizar y educar a millones de trabajadores. La conquista que reivindica orgullosamente Bebel muestra el grandioso trabajo de organización realizado por la socialdemocracia (alemana e internacional) antes de la guerra; pero muestra, también, la envergadura de la traición de sus direcciones que llevarían a ese enorme y disciplinado ejército obrero a respaldar a sus respectivas burguesías en la guerra imperialista. Bebel murió en 1913, antes del estallido de la guerra.
 
El Congreso de 1907 delinea la fractura que sufriría el movimiento socialista al estallar la guerra. Mientras el texto aprobado sienta las bases de la política revolucionaria ante la guerra, las posiciones de los dos partidos mayoritarios anticipaban su pasaje al campo de sus respectivas burguesías imperialistas.

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