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11 de marzo de 2019

Se estrena Alicia, una película sobre la militancia y el vacío de la muerte

Dirigida por Alejandro Rath.

“Conocimos la traición y conocimos la barbarie. Y aquí estamos: somos parte de ese movimiento. Más de cien años después, con nuestras propias victorias y nuestras propias derrotas en un día de lucha internacional. Porque es una institución, porque tiene algo de ceremonioso rendimos homenaje en este día a nuestros propios héroes y a nuestros propios mártires haciéndonos cargo de nuestra historia, conscientes de nuestra tarea y conscientes de nuestro deber. Agitando, denunciando, peleando con nuestras banderas desplegadas. Fue uno de los mártires de Chicago, Augusto Spies, quien ante los verdugos del tribunal que los condenaba a muerte pronunció entonces palabras que hoy podemos hacer nuestras. ‘Quieren suprimir’, le dijo al tribunal, ‘al movimiento obrero, a sus agitadores, a sus activistas. Supriman entonces a los patrones que amasan fortunas convirtiendo entonces a los obreros en esclavos. Supriman a los terratenientes que engordan su renta a costa de obreros y explotados. Suprímanse ustedes mismos porque excitan el espíritu revolucionario de nuestra clase’”.

Estas palabras de Pablo Rieznik se escuchan de fondo con imágenes genuinas de un acto del 1° de Mayo del Partido Obrero y el Frente de Izquierda de 2017. Con ese tono documental en el que se entremezclan la historia del PO con su actualidad, comienza la película Alicia, que se estrena este jueves 14 y que fue dirigida por Alejandro Rath, militante del Partido Obrero y codirector de ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, y que está protagonizada por Leonor Manso, Patricio Contreras, Martín Vega y Paloma Contreras, entre otras apariciones. El film, de este modo, le brinda un marco político a la narración que sigue la experiencia personal de un militante -e hijo de militantes- ante las preguntas que ocasiona la cercanía de la muerte.

Jota (Martín Vega) es un militante del Partido Obrero cuya madre Alicia (Leonor Manso) padece un cáncer y debe ser internada en un hospital público. Los médicos le informan que se trata de un cáncer terminal, y que la muerte se encuentra cerca. Jota –que es acompañado en las diligencias de la internación de Alicia por su padre (Patricio Contreras), separado de la madre pero con quien tiene una buena relación– se adentra entonces en una travesía personal por las preguntas que las circunstancias provoca. Tanto Alicia como su padre fueron militantes, ella en el pasado, él en el presente, y por lo tanto la infancia de Jota y su vida fueron atravesadas por esa militancia y, además, por el ateísmo que sus dos progenitores le inculcaron. Pero, ¿qué pasa después de la muerte? ¿Es cierto que no hay nada más que polvo? Jota trata de responder estas preguntas inquiriendo en distintas religiones, para ver si hay algo más.

Pablo Rieznik murió 2015. El año pasado Christian “El Colo” Rath, padre del director de la película, falleció en 2018. Griselda, la madre del director en el que se basa el personaje Alicia, falleció en 2006. A la luz de estas ausencias también este film se relaciona con la historia del PO. Prensa Obrera conversó con Alejandro Rath sobre su film.

“La película arranca por el lado de la militancia y lo político –dice Rath–. El protagonista es definido rápidamente de esa manera porque está participando de un acto del primero de mayo en Plaza de Mayo que es un acto del Frente de Izquierda y está montado ese acto y esas imágenes con un audio que es muy anterior que es un discurso de Pablo Rieznik de 1999 en un acto del Partido Obrero en el Parque Centenario. Esa definición de ese personaje como militante marxista y de izquierda y, por ende, ateo, ya configura a ese personaje de una manera que hace que su recorrido por las distintas religiones esté atravesado por esa circunstancia y esa definición de primera mano. Por el otro lado, al ser una película que tiene muchos datos autobiográficos y mi biografía está marcada por la política hace que haya elementos políticos por todos lados. Mis dos viejos fueron militantes del PO. Mi vieja militó desde muy joven en Córdoba y se incorporó al calor del Cordobazo cuando era muy joven, secundaria, y militó hasta la llegada de la democracia. Mi viejo se incorporó casi con la fundación del Partido Obrero en Bahía Blanca y siguió militando en varias regionales hasta el día de su muerte, que ocurrió mientras él era un dirigente del partido. El personaje que hace del padre de Jota tiene muchos rasgos del Colo. Proviene de una ruptura con la militancia católica de la que pasa al trotskismo, y esa es la historia de mi viejo, e incluso el ´falso secuestro´ de Alicia, consentido, con el fin de que obtuviera la emancipación y pudiera militar más libremente, forma parte de la historia real de mi vieja. Era un delirio de aquellos delirios que podían suceder en aquella época”.

–¿Cómo surgió la película?

–Empecé a escribir el guión el año de que murió mi vieja. Ella murió en 2006 después de 9 años de cáncer. Su enfermedad la viví en el momento de mi propia emancipación. Viví el proceso normal de cualquier pibe que se despega de su madre mientras ella se enfermaba. Eso hizo que negara bastante la cuestión de la enfermedad. No la veía como algo peligroso que podía tener ese desenlace. Cuando me llegó la noticia fue como en la película, como un balde de agua fría. El médico me dijo: “Tu mamá se va a morir”. Ahí dije: “Puta madre, se va a morir de verdad”. Esa constatación fue poco tiempo antes de su muerte. Me quedó una sensación fuerte de vacío por no haber podido atajar antes esa situación. Además la muerte en un sanatorio horrible me dejó un muy mal gusto. Entonces empecé a jugar con esas sensaciones más como una necesidad del duelo, no porque pensara: “Quiero escribir una película”. Empecé a escribir por esa necesidad y eso se fue desarrollando.

–Sus padres fueron militantes, ¿cuál es su relación con el Partido Obrero?

–Mi vida está cruzada por el PO. Habiendo tenido a mi viejo como dirigente del partido esa relación estuvo siempre. Pero me interesaba colocar al personaje en una situación en la que pudiera hacerse la pregunta que se realiza. Un ateo, marxista, de izquierda, ¿cómo enfrenta la muerte y el vacío de la muerte de un ser querido, que es algo tan fuerte? Entonces se produce esta búsqueda de Jota que trata de indagar en las religiones acerca de ese vacío. Y esto lleva a filmaciones que realizamos antes del rodaje, en la peregrinación a Luján, en un tempo evangélico que es el del pastor Giménez, en un velorio judío.

–¿Cuáles son los sentidos más políticos de su película?

–Si bien no acuerdo con esa frase que dice que todo cine es político, creo que Alicia tiene elementos políticos todo el tiempo. También tiene elementos personales. Es una película que no pretende desarrollar una idea política determinada. Me interesaba más jugar con todo el alrededor de la militancia que realizar una sentencia política.

–Su próximo film también es político.

–Sí. Estoy haciendo una película sobre el manifiesto sobre el arte de León Trotski y André Breton. Es un film-ensayo que realizo con Iván Moschner en el papel de Breton y Pompeyo Audivert como Trotski. En cierto momento Trotski le dice que escriba el borrador del manifiesto y Breton empieza a somatizar, no puede escribir. En mi película somatiza a través de sueños, en los que participan artistas contemporáneos como Gabriela Cabezón Cámara, Juan Carlos Capurro, María Negro y César González. Está casi terminada. Mientras, aguardo el estreno de Alicia.

Alicia se estrena este jueves 14 en las salas Gaumont, América Santa Fe, El Cairo - Rosario, Cine Teatro Municipal Quilmes, Eco Select La Plata, Hynes O´Connor Tucumán, Cine Teatro Pico.

 

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