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23 de enero de 2019

Las conexiones del clan Bolsonaro con los asesinos de Marielle Franco

Dos detenidos y un prófugo estaban vinculados con Flavio, hijo del presidente y senador

En los últimos días se multiplicaron las revelaciones de nexos entre Flavio Bolsonaro, flamante senador e hijo del presidente brasileño, y la organización mafiosa paraestatal (“milicia”) que en marzo del año pasado –acorde a las denuncias de testigos y la investigación de la fiscalía- asesinó a tiros en el centro de una Río de Janeiro militarizada a la referente Marielle Franco y su chofer, Anderson Gomes.

Se trata de al menos tres de los jefes de la milicia de Rio Das Pedras, dedicada al mercado inmobiliario ilegal de la zona oeste de Río, “sospechosa por diversos asesinatos, extorsión a comerciantes, posesión ilegal de armas, coimas a agentes públicos, administración de servicios clandestinos y otros crímenes”, quienes ocupan a su vez roles dirigentes en la “Oficina del Crimen” –el grupo de sicarios implicados en el crimen de Marielle. Dos de ellos fueron detenidos ayer, el mayor de la Policía Militar Ronald Paulo Alves Pereira y el subteniente retirado de esa fuerza, Maurício Silva da Costa; mientras que un tercero, Adriano Magalhaes de Nóbrega –ex capitán el ex capitán del ultrarrepresivo Batallón de Operaciones Especiales-, se encuentra prófugo.

El nexo con este último quedó expuesto por el diario O Globo ayer: la madre y la esposa de Adriano fungían hasta hace poco como asesoras de Flavio Bolsonaro en su despacho como diputado provincial. Los otros dos hombres habían sido condecorados por este en ceremonias oficiales de la Asamblea Legislativa, incluso cuando el mayor Ronald ya era sospechoso de cinco asesinatos.

La madre de Adriano es, a su turno, una de las involucradas en el escándalo de corrupción que envuelve a la familia presidencial, tras revelarse que otro asesor de Flavio Bolsonaro, su chofer y ex policía Fabrício Queiroz, había movido unos 1,2 millones de reales de los que no podía rendir cuentas, incluida una transacción a la actual primera dama, Michelle Bolsonaro.

La revelación de este nexo con el crimen organizado supone un importante traspié para una familia que llegó al poder haciendo campaña contra la corrupción, pero no sorprende. El propio Jair Bolsonaro había dicho en campaña que “el gobierno debería apoyar a las milicias, ya que no consigue combatir a los traficantes de drogas. Y tal vez, en el futuro, debería legalizarlas”. Las fuerzas represivas, que constituyen uno de los pilares del gobierno de este ex militar, se encuentran entrelazadas con las mafias que asolan a Rio y a numerosos puntos del país.

Marielle, presente

En esos mismos días de campaña, candidatos bolsonaristas rompían carteles que exigían justicia por Marielle y Anderson, en un acto del ahora gobernador de Rio, Wilson Witzel.

Marielle, edil del Partido Socialismo e Liberdade (PSOL), referente de lucha de las mujeres negras, las favelas y el colectivo LGBT+, había sido asesinada luego de denunciar en sus redes el accionar terrorista de la Policía Militar en Rio. El crimen conmocionó a la población brasileña e internacional, movilizando decenas de miles en los funerales -50 mil en Rio, 30 mil en Sao Paulo, marchas en Rio Branco, Teresina, Natal, Recife, Brasilia, Salvador y Belo Horizonte- y concitando la atención sobre la barbarie de la militarización de Río dispuesta por el gobierno de Michel Temer. La misma tuvo un “cese formal” a fin de año, con un balance estremecedor: un alza de 61% en los tiroteos, más de 1.500 muertos a manos de la Policía Militar y la instauración de un Estado paralelo en los barrios controlados por las milicias, donde estas controlan desde la construcción, la venta de gas en garrafas y las conexiones ilegales de luz, cable e internet hasta la definición de candidatos electorales. Pero la militarización continúa en el programa de “mano dura” de Witzel, que incluye la creación de una red de cámaras con reconocimiento facial y hasta la circulación en las favelas de drones equipados con armas de precisión.

Pese al sinfín de evidencias que muestran que la militarización solo ha llevado a un aumento de la criminalidad, Jair Bolsonaro mantiene la avanzada represiva en pos de la “lucha contra el narcotráfico” como uno de los pilares de su programa presidencial, con el cual aspira avanzar hacia el aplastamiento de las libertades democráticas. El slogan de la “lucha contra el narcotráfico”, fue uno de los temas centrales debatidos por el mandatario vecino en su encuentro con Mauricio Macri, que lo levanta en estas tierras para reforzar el aparato represivo y perseguir a los migrantes y a la juventud.

Justicia por Marielle y Anderson, por la defensa de las libertades democráticas y la derrota de los gobiernos represores.

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