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25 de enero de 2019

Por miedo a las amenazas de muerte un diputado LGBT renuncia a su banca y se va de Brasil

Jean Wyllys, referente LGTBI y diputado del Psol (Partido Socialismo y Libertad) de Brasil, anunció ayer que, por amenazas de muerte, desistirá de asumir su tercer mandato en el parlamento federal y se exiliará del país.

“Quiero cuidarme y mantenerme vivo", aseguró el diputado, que vive con escolta policial desde el asesinato de su compañera Marielle Franco en marzo del año pasado.

La situación con Wyllys se agravó con el dato de que familiares de un ex prefecto investigado por la muerte de Marielle trabajaron con el senador electo Flavio Bolsonaro, hijo del presidente. "Me da pavura saber que el hijo del presidente contrató en su staff a la esposa y a la madre del sicario", expresó Wyllys en una entrevista con Folha Do Sao Paulo. "El presidente siempre me difamó, siempre me insultó y utilizó la homofobia contra mí. Este ambiente no es seguro para mí", agregó.

Las avanzadas fascistas contra las sexualidades disidentes se acrecentaron con el ascenso de Bolsonaro, quien ha declarado en entrevistas que “si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”, que “al hijo que empieza a verse así, un poco gay, hay que darle una buena tunda para cambiar su comportamiento” y que prefería “que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”.

Pero no son novedosas en Brasil, en particular desde el golpe orquestado por Michel Temer en 2016. Según un informe reciente de la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra), “cada 48 horas una persona trans fue asesinada en Brasil en 2017, el mayor índice en los últimos 10 años y que ubica al país en el primer puesto a nivel mundial por este tipo de crímenes. El documento contabilizó 179 asesinatos de travestis o transexuales, 15% más que los notificados en 2016” (El Universal, 13/10). De conjunto, los asesinatos por motivaciones homofóbicas y transfóbicas se ubicaron en 2017 por arriba de los 445, un 30% más que en 2016 (El Salto, 25/2). A ello se sumaron las presiones para forzar el levantamiento de espectáculos y muestras artísticas.

Este es el régimen que pretende “llevar la democracia” a Venezuela junto al magnate Donald Trump, que viene llevando a cabo una persecución implacable contra los inmigrantes, las disidencias, las mujeres y sus derechos, y se apresuró –al igual que Mauricio Macri y otros presidentes latinoamericanos- a reconocer a Juan Guaidó como mandatario legítimo. Una ofensiva que está encabezada también por este notorio fascista brasileño, rodeado por militares, que terminó llegando el poder tras la proscripción de Lula y luego de un golpe que destituyó al gobierno de Dilma Rousseff. Aquel golpe, señalemos de paso, se llevó a cabo en medio de una enorme pasividad por parte de la dirección del PT. El Psol practica una política de seguidismo a esta última organización.

Rechazamos la persecución del régimen del clan Bolsonaro a activistas populares.

La salida a estos ataques fascistas va de la mano de desarrollar la movilización de organizaciones de trabajadores y de derechos humanos independientes, para buscar una alternativa propia a la situación de barbarie social y económica a la que quieren llevar a la clase obrera y los sectores populares de Brasil y América Latina.

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