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3 de noviembre de 2011 | #1201

“La izquierda frente a la Argentina kirchnerista”

Un libro de Christian Castillo

Con una publicidad inusual, Cristian Castillo acaba de lanzar su libro La Izquierda frente a la Argentina kirchnerista, un volumen que recoge diversos artículos publicados a la largo de la última década. No sabemos si el título es obra del autor o sugerencia de la editorial que comercializa el libro, pero sí que se trata de una hipérbole. Es lo que los especialistas definen como “exageración para impresionar el espíritu del lector”, aunque en este caso se trata de una innecesaria concesión. Son los intelectuales del oficialismo quienes recurren a la fábula que adjudica al kirchnerismo una marca nacional propia de la historia reciente, como si hubiera inaugurado una nueva era. Hablan de un “modelo” para encubrir a un equipo político que ha improvisado y pegado mil volteretas sin mayor originalidad. La Argentina “kirchnerista” es un híbrido “duhaldista” e inclusive “menemista”, si se tienen en cuenta las privatizaciones, la precarización laboral y la extranjerización de la economía que se mantienen en pie.

Los críticos intelectuales que abrevan en las tiendas de la oposición de derecha han apelado también al recurso “hiperbólico”. Beatriz Sarlo atribuyó a los Kirchner la victoria en una supuesta “batalla cultural” en la cual nunca presentaron combate. El propio Horacio González, una de las plumas intelectuales más notorias del gobierno, tuvo que recordar días atrás que el “discurso” intelectual oficial estaba repitiendo los modos del más rancio liberalismo criollo, sin innovar en nada. El énfasis en lo discursivo también lo asume el libro de Castillo, que se presenta como un “relato alternativo” que confrontaría con el del gobierno, reivindicando un rigor académico y un saber profesional. Es, sin embargo, también su costado más débil. A diferencia de la labor de crítica histórica, el “relato” no explica sino que describe. Y mistifica: bajo una apariencia de “objetividad” discursiva, nos brinda una versión unilateral de las muchas que pueden reclamarse como “alternativas”.

 

Argentinazo, piqueteros y clase obrera

Castillo arranca su libro con la caracterización del Argentinazo como un levantamiento absolutamente dominado por el protagonismo de la clase media (desde sus sectores más plebeyos a los más acomodados) y por “la ausencia de la clase obrera”, algo que no es correcto ni social ni políticamente. Las jornadas del 19 y del 20 se caracterizaron por un giro abrupto de la clase media hacia el movimiento de masas de desocupados, que había cobrado auge con la unificación del movimiento piquetero, en junio de 2001, contra el cual De la Rúa decretó el estado de sitio que provocó la revuelta popular. La semana previa, la CGT de los “gordos”, el ala de Moyano y la CTA habían convocado a un paro nacional. Días antes, un paro general había sacudido a Neuquén. El movimiento obrero y piquetero estaba en ebullición de una punta a otra del país. Los piquetes, las ocupaciones de lugares de trabajo, los cortes de vías y rutas, se habían transformado en el arma de luchas y huelgas que jalonaron la marcha hacia el Argentinazo. Desde las de los ferroviarios a las de los telefónicos, los metalúrgicos, los trabajadores del pescado, los ex petroleros y obreros de la construcción que tomaron el norte salteño, así como aquellas que protagonizaron los docentes, estatales y municipales en todo el país.

Fue la clase obrera la que ocupó un lugar dirigente en todo el proceso que remata en el Argentinazo. El movimiento piquetero al cual aparece asociado el levantamiento de una década atrás fue dirigido por delegados históricos de la clase obrera, los que constituían la representación histórica del movimiento obrero combativo de la Argentina. La “ausencia de la clase obrera” en el Argentinazo es otra “hipérbole” desafortunada en la tentativa de justificar la nula participación del partido de Castillo -PTS- en la organización piquetera, un laboratorio político excepcional, sin cuya comprensión el análisis de la historia reciente no puede superar los límites de un mero “relato”. Debemos a nuestro compañero Luis Oviedo una reconstrucción de este proceso en su libro Historia del Movimiento Piquetero.

 

Política, marxismo y algo más

El Argentinazo fue también el fruto de una experiencia colectiva “subjetiva” del movimiento obrero a lo largo de una década entera, frente al régimen menemo-aliancista de la época. Ese fue el escenario de reagrupamientos y delimitaciones políticas, de lucha de tendencias, planteos y programas. Castillo, sin embargo, no considera la experiencia clave de las Asambleas Nacionales Piqueteras que antes del Argentinazo lanzaron la consigna “Fuera De La Rúa y Cavallo” -esto con la intervención dirigente del Partido Obrero. Tampoco sigue su desarrollo posterior, cuando desertan las corrientes que poco más tarde cabalgarían en el carro del duhaldismo y el kirchnerismo, abriendo paso a la experiencia de la Asamblea Nacional de Trabajadores (ANT), la incorporación de nuevas tendencias políticas, sus concentraciones multitudinarias, sus formulaciones programáticas, su papel en las movilizaciones suscitadas por los asesinatos del Puente Pueyrredón que llevarían a la salida apresurada de Duhalde. Castillo se limita al respecto a alguna mención episódica e inconsistente y a oponer a la ANT, la experiencia “revolucionaria” de Zanón y Brukman, porque representan a la fracción “ocupada” del proletariado, como si tal cosa las eximiera de la lucha política contra la cooptación y la disgregación que signaría, en cambio, al movimiento piquetero. Por eso, no menciona que Brukman acabó diezmada por el copamiento de una camarilla duhaldista, ni tampoco que Zanón fue acosada por una política de domesticación -incluyendo una ley de “expropiación” del sapagismo, cuyas trampas signan todavía hoy las vicisitudes de esta enorme experiencia de la lucha obrera de nuestro país.

El planteo de Castillo supone que las clases sociales y sus fracciones actuarían de acuerdo al estricto “lugar que tienen en el proceso de producción capitalista”, sin reparar en la conciencia que esas clases asumen respecto de ese proceso, la que sólo puede ser el resultado de la acción concreta de los partidos que intervienen en él. Este proceso político aparece ninguneado en el libro de Castillo, en la pretensión de una exposición que hace gala de un sociologismo “objetivo”. Pero es una objetividad pre-marxista, feuerbachiana, que no comprende el costado subjetivo de la actividad humana en su... objetividad, como actividad “práctica”1. Desde el punto de vista teórico, se trata de una falla decisiva que se revela de una defectuosa asimilación del marxismo -que, sin embargo, Castillo se ve en la obligación de reivindicar insistentemente.

Es notable, por otra parte, que luego de asimilar el Argentinazo a una rebelión de la clase media, Castillo no dedique una sola línea de las decenas de páginas relativas a la Izquierda a la experiencia de la Fuba, tomada por la Izquierda y liderada por el Partido Obrero en estos largos diez años. Así, el planteo de relatar la experiencia de la “izquierda frente al kirchnerismo” adolece de limitaciones muy serias. También se refleja en cuestionamientos de orden faccional contra nuestro partido, que no son pocos cuando se recorren las páginas del texto y que, seguramente, pueden ser reconsiderados a la luz de la novedosa experiencia del Frente de Izquierda.

El análisis unilateral del libro se expresa en una caracterización conservadora de la situación presente, dominada por la crisis mundial y el agotamiento de la experiencia kirchnerista. Como el Argentinazo no superó los límites de una asonada revolucionaria de la clase media, Castillo afirma que no se lo debe comparar con el Cordobazo, sino con la resistencia peronista de una década y media antes, la que abrió el largo período preparatorio que condujo al levantamiento del proletariado cordobés de fines de los años sesenta. Plantea que nos encontraríamos ahora en un período en el cual el proletariado todavía debe recuperarse de dos grandes derrotas: la de la dictadura y la correspondiente a la década de los años ’90. Se diría que Castillo y su partido abordaron la campaña electoral con una suerte de pesimismo estructural que limita el potencial de “la izquierda frente a la Argentina kirchnerista”.

 

Frente de Izquierda

Con relación a las perspectivas del propio Frente de Izquierda, el planteo del libro de Castillo es muy restrictivo. Incluye un largo artículo de febrero pasado, donde plantea una política electoral que elude cualquier formulación frentista y ataca al PO “por hacerle el juego al gobierno” en su propaganda contra el “trotskismo” -que no se aclara en qué consiste. En el artículo siguiente del libro (toda la obra es una antología de textos desde 2002 en adelante), se presenta al Frente de Izquierda ya en marcha como un acuerdo “técnico político” determinado por la ley electoral que fija el piso del 1,5% de los votos en la elecciones “primarias” para poder participar en las elecciones de octubre. Según Castillo, no “expresa ninguna convergencia política” entre las fuerzas que lo integran.

A lo que acabamos de señalar, se agrega una formulación muy confusa cuando Castillo dice que “las diferencias con el Partido Obrero no son de programa, sino de práctica política y de estrategia”, un aserto incomprensible. ¿Cuál sería el programa (con el cual acuerda) que no fija la estrategia (con la cual discrepa)? Quizás un error de imprenta para aclarar. Constituiría un avance el hecho de que el libro de Christian Castillo permita desarrollar contribuciones a un debate clarificador en la Izquierda, de cara a los desafíos que presenta el curso abierto por el Frente. Las viejas polémicas podrán ser superadas e integradas a la luz del carácter revolucionario de un momento histórico marcado por la crisis capitalista mundial y el “final de un ciclo”, que es como Castillo califica la etapa actual del régimen kirchnerista.

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