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15 de marzo de 2012 | #1214

"Mariano Ferreyra: un crimen de Estado contra la clase obrera"

Proponerse un objetivo y dedicar todas las energías para lograrlo es un gran método de vida. Por ejemplo para escribir un libro. Lisandro consigue demostrar lo que enuncia en el título "Mariano Ferreira, un crimen de Estado contra la clase obrera".

El autor desarrolla con rigor, durante casi 200 páginas, cómo el régimen K es la continuidad -adaptada a los tiempos históricos actuales- de los negocios millonarios de la patria contratista.

Señala tres intentos de privatización fracasados. El primero, el plan Larkin bajo el gobierno de Frondizi. Luego el gobierno militar. Más tarde Alfonsín, quien instauró un proceso de privatización de uno de los sectores considerados más rentables: la reparación del material rodante. Sólo cuando Cavallo garantizó a los contratistas su participación, con un aumento importante de los beneficios y cero riesgo, se logró imponer la privatización del ferrocarril. Para ello, tuvo que derrotar, en comunión con la burocracia, las grandes huelgas del 91 y 92. Las actuales comisiones directivas de La Fraternidad y de la Unión Ferroviaria están compuestas por los carneros de aquellas luchas.

Los K repitieron la política de Menem de cooptación e integración, por lo que entregaron a la burocracia las subsecretaría de Transporte al gremio de camioneros, la de Transporte Ferroviario a La Fraternidad (Antonio Luna) y la de Puertos y Vías Navegables a los portuarios. Los pilares de "la reconstrucción de la burguesía nacional" fueron la devaluación, los subsidios millonarios y el trabajo precarizado. Por eso, cuando la Presidenta planteó acabar con la tercerizaciones frente a la enorme movilización popular por el asesinato de Mariano, la burguesía nacional le recordó que mantenerla era una cuestión de vida o muerte.

El libro describe quiénes son y cómo amasijaron -y amasijan aún hoy- millones del Estado los Roggio, Romero, Cirigliano, Macri.

También describe -en el que tal vez sea el capítulo del libro que los trabajadores debemos estudiar y analizar con más detenimiento- el rol de las diferentes corrientes políticas que actuaron en el conflicto de los tercerizados. Los "caudillos conciliadores" y su llamado a depositar la confianza en funcionarios del Estado, la adaptación de parte de un sector de la izquierda a estos punteros, la vacilación del PTS -y sus virajes- que renegó siempre de un plan de lucha directa y los planteos de Causa Ferroviaria y del PO.

Tal es la certeza de los conceptos que, a modo de presagio trágico, el libro advierte: "el fraude laboral que aún perdura y la inseguridad en el transporte de obreros y usuarios es parte de la voracidad patronal que paga el pueblo hasta con su vida". La masacre de Once puso de nuevo en la escena nacional todos y cada uno de los negociados, agudizando la crisis del gobierno.

Para terminar, el libro plantea el debate y propone dos tareas: la expulsión de la burocracia y la nacionalización sin pago y bajo control obrero de las privatizadas, en el camino de un gobierno asentado sobre nuevas bases sociales.

Sebastián Rodríguez, secretario general de Gráfica Morvillo

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