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24 de noviembre de 2016

La suspensión de despidos es una farsa

Han comenzado los despidos de los 500 trabajadores “sentenciados” de Tierra del Fuego por el anuncio de eliminación de los aranceles de importación (35%) para notebooks, netbooks y tablets a partir del 31 de marzo. La empresa IFSA, del parque industrial de Río Grande, presentó la quiebra y dejó en la calle a 160 trabajadores.

En Neuquén, Guillermo Pereyra, firmante del acuerdo de flexibilidad laboral para los petroleros que burguesía y gobierno proclaman como ejemplo de reforma laboral para los nuevos convenios, acaba de reconocer que “hay alrededor de 800 trabajadores petroleros sin ir al campo”.

Bahco, la empresa de herramientas de Santo Tomé (Santa Fe) acaba de anunciar la intención de suspender sin goce de sueldo a la totalidad del personal (unos 200 trabajadores) a partir de mediados de diciembre, con el compromiso de volver a trabajar el 1º de febrero sólo si las condiciones económicas lo permiten.

Es un hecho que el vaticinio de la cúpula de la UIA –“en marzo 2017 comienzan los despidos”– fue un deliberado acto de ocultamiento. Las suspensiones y los despidos masivos ya comenzaron, acelerando el ritmo en relación a lo que estaba ocurriendo.

Todo esto convierte en papel mojado el compromiso que la burocracia sindical acaba de firmar con el empresariado para suspender los despidos hasta marzo. Una farsa que el propio gobierno reconoce, al plantear que se trata de un acuerdo político sin alcances legales. Sobre su alcance vale analizar el “cumplimiento” de las patronales del compromiso firmado en mayo: desde ese mes a septiembre hubo 91.630 puestos de trabajo formales menos, según los datos de la AFIP.

250.000 despidos

Si en los primeros nueve meses del año, según los datos de las declaraciones juradas de las empresas presentadas a la AFIP, hubo 127.595 trabajadores en relación de dependencia cesanteados – la mayor parte privados, no es aventurado plantear que el número de despidos totales puede duplicar esa cifra. Aquel relevamiento no consideró a monotributistas, monotributistas sociales, trabajadores autónomos –todos ellos registrados– ni la masa de trabajadores en negro, que el INDEC estimó en 33.4 % de la población mayor de 14 años relevada (a fin de julio 2016). 

La responsabilidad de la burocracia sindical

Los sindicatos, que deberían hacerse cargo de frenar un ataque que pretende descargar la crisis capitalista sobre la espalda de los trabajadores, son los responsables de este desangre sistemático y creciente.

Incluso la aceptación del convenio de flexibilidad laboral petrolero, considerado modelo por las patronales, no le ha significado la defensa de un solo puesto de trabajo a la burocracia de Pereyra. A pesar de la multifunción, de la rebaja en el descanso, de la liquidación de las horas taxi –adicional de traslado al pozo–, todas ellas planteadas en nombre de la defensa de los puestos de trabajo, la extorsión sigue, con una masa de trabajadores en espera, para lograr retrocesos aún más profundos en las condiciones de trabajo.

La burocracia, salvo alguna excepción, ha dejado correr los despidos –e incluso, ha aprovechado la volada para sacarse de encima al activismo. La foto de los movimientos sociales en el edificio histórico de la CGT es la prueba de la farsa.

La burocracia dejó en banda a los trabajadores desocupados con Menem, la Alianza y después, como lo está haciendo ahora. La “apertura” hacia los movimientos sociales es la vía de la cooptación para tratar de evitar la emergencia de un movimiento de lucha independiente y antiburocrático, como el que jugó en el pasado el movimiento piquetero. Justamente, cuando conquistas como la del SUTNA –que no es la única– o el desarrollo del Polo Obrero están planteando un nuevo ascenso del clasismo en las organizaciones obreras.

2001/2002 recargado

A pocas semanas de cumplirse un nuevo aniversario del Argentinazo, corresponde recordar que en ese período los trabajadores ocuparon empresas para impedir los despidos y vaciamientos y es de ese período la puesta en funcionamiento de varias de ellas, con el acompañamiento de movilizaciones masivas del movimiento piquetero.

El mejor homenaje a aquella gesta es librar la batalla decisiva que está planteada a través de los métodos de la clase obrera: la ocupación de toda fábrica que despida o suspenda, el piquete, la solidaridad activa, ni un despido, reparto de las horas de trabajo.

 

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