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13 de septiembre de 2018 | #1519

El Estado, el clero y el diluvio universal

El editorialista de La Nación se horroriza al plantear que los contenidos educativos deban tener un contenido crítico con las posiciones religiosas. Pero la llamada “convergencia” de puntos de vista laicos y religiosos de la Educación Sexual Integral (ESI) actual es un fracaso manifiesto. Las instituciones religiosas dan por ESI la catequesis católica: la procreación existe en el marco del matrimonio, la unión sexual fuera del matrimonio es fornicación, la homosexualidad es una depravación grave, etc. En este tema, como en tantos otros, la posibilidad de aprender una concepción científica, moderna, debe incluir una crítica a prejuicios y creencias no asentadas en una comprensión fundada que existen en nuestra sociedad. De Galileo a Darwin, de Marx a Freud, la ciencia ha avanzado a costa de lo que la religión y otras ideologías del atraso pretendían instalar como verdades indiscutibles. Y defendemos que en la educación pública, laica y gratuita se enseñe ciencia, y no cualquier otra cosa.

La penetración eclesiástica en los organismos que discuten contenidos hacen atrasar a la educación argentina. Como ejemplo de la producción pedagógica, realizada bajo la concepción de educación “en convergencia” con las creencias religiosas, podríamos citar el folleto “Un mundo perdido”, editado por el Ministerio de Educación nacional en 2012, para enseñar Ciencias Naturales en las escuelas primarias, que desarrolla toda una sección como tesis sobre la evolución de las especies animales (y la extinción de otras), basada en los pasajes bíblicos sobre el diluvio y el arca de Noé. Poner un signo igual entre optar por comprender la teoría de la evolución de Darwin y la Biblia es renunciar a cualquier tipo de conocimiento riguroso. La convergencia que se propone seguir es contraria a la enseñanza científica y laica.
 

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