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28 de marzo de 2019 | #1542

[Editorial] La bancarrota económica y el anti-Cordobazo K

Los cambios en la situación política marchan al ritmo que le impone la dinámica cada vez más veloz de la crisis económica. La sostenida suba del dólar no logra ser detenida ni con una tasa de interés que volvió a niveles cercanos al 70%, ni con el compromiso del FMI de liberar 10.000 millones de dólares, habilitando al gobierno a usarlo para intervenir en el mercado de cambios. A esta altura de la crisis, nadie piensa que la modesta cifra de 60 millones de dólares diarios es suficiente para enfrentar una corrida cuyo potencial, si se suman todos los activos en pesos que están en el sistema financiero, ronda los 40.000 millones de dólares. Los dólares de la cosecha, que deberían ingresar en las próximas semanas, son una gran incógnita, porque es sabido que los exportadores tenderán a demorar la liquidación de las divisas especulando con una mayor devaluación. El pretendido dólar a 50 pesos implicaría lisa y llanamente la liquidación de Macri.

La minicorrida hacia el dólar se conjuga con un derrumbe de la producción y el consumo de proporciones enormes. Esta caída en picada se ve potenciada por una tasa de interés usuraria y por el retroceso del consumo, impuesto por la desvalorización del salario y las jubilaciones. La tendencia al defol de la Argentina abarca tanto al Estado como a grupos económicos de peso. Ahora mismo, Molinos Cañuelas está en un proceso de reestructuración de su deuda millonaria, que alcanza los 1.300 millones de dólares, que implica una pulseada con los grandes bancos. El salvataje mediante un crédito impagable del Banco Nación a la molinera es una echada de lastre ante el derrumbe industrial, al igual que otros paliativos crediticios a las Pymes, que son aspirinas para el cáncer, al tiempo que agrava una situación de quebranto del propio banco. Los recursos preventivos de crisis presentados por la clase capitalista se multiplican, alcanzando el ritmo de uno cada dos días. Mediante estos recursos, la clase capitalista busca descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.

División

El ritmo que va tomando la marcha de la bancarrota económica acelera también los desplazamientos políticos. Progresivamente, el gobierno de Macri va perdiendo el respaldo de más grupos empresariales, ya sea porque piensan que pierde en las elecciones de octubre y debe estructurarse un recambio o porque temen que gane y que se profundice la actual política económica. El desplazamiento tiene su centro en la llamada burguesía industrial, pero de ningún modo se limita a ella. La entrevista realizada hace una semana atrás a los integrantes de la Mesa de Enlace de la época del conflicto por la Resolución 125 fue categórica. Varios de los representantes del capital agrario le bajaron el pulgar al gobierno.

Estos desplazamientos políticos en busca de un recambio son el eje hoy de la política burguesa en la Argentina. El pelotón para encabezar ese viraje tiene en la pole position a Roberto Lavagna, que cuenta con mayores reconocimientos de varios grupos empresariales. Las acciones en alza del ex ministro de Duhalde y Néstor Kirchner se explican por un motivo: en un país que está en estado de pre-defol, su principal mérito es haber encabezado en el pasado una reestructuración de deuda. Implícitamente, la atracción de la candidatura de Lavagna es el reconocimiento de que la deuda pública argentina es impagable y que se impondrá una reestructuración, tanto con los capitalistas como con el FMI. La renegociación llevada adelante por Lavagna bajo el kirchnerismo dejó un buen recuerdo entre los capitalistas, ya que rescató una deuda desvalorizada por el defol y emitió además un cupón PBI que redujo significativamente la quita que se publicitaba. Las condiciones actuales, sin embargo, son bien distintas, pues se pretende renegociar una deuda que, al no estar en defol, demandará de los banqueros condiciones todavía más leoninas.

Aunque una parte de la clase capitalista presione para que se estructure este recambio vía Lavagna, el éxito de este operativo político está aún en cuestión. Los gobernadores del pejotismo siguen reclamándole a Lavagna que se presente a las Paso del Peronismo Federal, mientras el ex ministro de Economía lo rechaza, queriendo ser ungido como expresión de un frente de unidad nacional que incluya a sectores del radicalismo, el PS y la centroizquierda. Lavagna tiene, además, un problema adicional: le faltan votos. Parece un detalle menor, pero no lo es. En tanto la clase capitalista ha decidido gobernar por medios constitucionales, necesita refrendar sus decisiones por el electorado. En Brasil, la falta de votos inviabilizó la candidatura de José María Alkmim, que contaba sin embargo con el respaldo de la mayoría de la clase capitalista local y extranjera.

Córdoba

Esta presión por estructurar una salida a la bancarrota del macrismo alcanza también al kirchnerismo. Así debe entenderse su decisión de bajar intempestivamente su lista para las elecciones provinciales de Córdoba, hecho en nombre de asegurar el triunfo del peronismo contra Cambiemos. Todo el mundo sabe, sin embargo, que ese triunfo no estaba en cuestión, sobre todo luego de la división del radicalismo cordobés en dos listas. El apoyo a Schiaretti es paradigmático, pues se trata del más macrista de todos los gobernadores macristas del pejotismo.

Al menos por lo que se conoce públicamente, el apoyo del kirchnerismo a  Juan Schiaretti ha sido un acto unilateral, sin contraparte alguna por parte del pejotismo cordobés. No estamos ante un pacto, sino ante una capitulación. El electorado popular que pensaba votar a la lista K en contra de Schiaretti y Cambiemos tiene ahora como única alternativa al Frente de Izquierda, que debe asumir el desafío de ir a conquistar el voto de decenas de miles de trabajadores y jóvenes para sus listas. Una elección significativa del Frente de Izquierda en Córdoba tendrá con seguridad un impacto nacional.

La capitulación cordobesa del kirchnerismo anticipa otras, pero difícilmente puede seguir el mismo modelo. Ocurre que para archivar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner, el kirchnerismo requiere que sus candidatos, muchos acosados por causas judiciales, sean incorporados en las listas del peronismo. Duhalde ha ofrecido sus favores para armar esta componenda y cubrir con fueros la retirada ordenada de la tropa K. Sin embargo, Lavagna salió públicamente a rechazar estas conversaciones y negó toda posibilidad de acuerdo con el kirchnerismo. Lavagna teme que un acercamiento a Cristina Kirchner le reste apoyos de la burguesía y frene el proceso de ruptura con el gobierno. El macrismo, mientras tanto, jugará las pocas cartas que le quedan en el mazo para pelear por su continuidad. Ante el temor a un gran conflicto obrero en la estratégica zona norte del Gran Buenos Aires, el gobierno discute ceder a varias de las pretensiones del grupo Madannes-Quintanilla, otorgándoles subsidios y cupos a las importaciones para evitar despidos masivos en Fate.

En estas condiciones, el armado de un recambio deberá atravesar varias crisis y su final es incierto. Al final del camino no se puede descartar que Lavagna decline su candidatura porque sus condiciones no fueron atendidas y que Cristina Kirchner sea finalmente candidata por defol; es decir, porque nadie quiso hacerse cargo de incorporar a su tropa a las listas del pejotismo. Las crisis políticas, justamente, se definen cuando lo que debe ocurrir no puede ocurrir y ocurre aquello que nadie quiere.

El movimiento obrero

El armado de este recambio también abarca a la burocracia sindical, cuyos miembros más emblemáticos aparecen entre los principales operadores de estos armados políticos. La información periodística da cuenta que el inefable Barrionuevo le ofreció al macrista de derecha Carlos Melconian ser el ministro de Economía de un gobierno de Lavagna. Melconian cuestiona al gobierno por ‘gradualista’ y milita entre los que pregonan un ajuste feroz en forma de shock. Como se ve, el único límite de la burocracia sindical son los trabajadores.

Esta política es la que impera en la movilización del 4 de abril convocada por la CGT y que cuenta con el respaldo del moyanismo y los sindicatos K. El programa de la marcha desconoce los reclamos obreros contra los despidos, las suspensiones o la defensa del salario, y hace propio un rosario de reclamos patronales dirigidos al Estado, que finalmente deben financiar los trabajadores por medio de los impuestos. La movilización, en estas condiciones, puede transformarse en una farsa. Su recorrido, fijado de la Estación Once a la 9 de Julio, elude al poder político. No sólo no habrá paro, sino que tampoco habrá acto. Por miedo a que le roben el atril, la burocracia anticipó que el documento no será leído al finalizar la manifestación, sino que será subido a la página web de la CGT.

Para los sindicatos independientes y clasistas, sumarse alegremente a esta manifestación sería un error inadmisible. Es necesario denunciar la maniobra y la tregua establecida con Macri, desnudar ante los trabajadores el contenido pro-patronal del programa levantado y oponerle la necesidad de un verdadero plan de lucha, que parta de un paro activo de 36 horas ya y un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. En ese sentido, apoyamos la convocatoria del Plenario Sindical Combativo (ver nota).

Frente de Izquierda

La agudización de la bancarrota económica y las maniobras para estructurar un recambio al macrismo involucrando a las organizaciones obreras, le plantea al Frente de Izquierda una gran batalla política de delimitación sobre la base de un programa de salida obrera a la crisis. Oponemos al programa de salvataje a la clase capitalista, un programa de salvataje de los trabajadores, que parta del reparto de las horas de trabajo para evitar despidos y suspensiones, la actualización mensual de los salarios y jubilaciones según el índice de inflación, la defensa de los convenios colectivos de trabajo y el rechazo a todas las cláusulas de flexibilidad laboral. A la reestructuración de la deuda que negocian los Lavagna, Massa o Cristina Kirchner, le oponemos el repudio a la deuda pública, la ruptura con el FMI y la nacionalización del sistema financiero.

Sobre la base de este programa le reiteramos al Frente de Izquierda la necesidad de alcanzar de inmediato un acuerdo integral para potenciar la lucha por una salida de los trabajadores y la izquierda a la crisis. La capitulación cordobesa del kirchnerismo debe ser ampliamente denunciada entre los trabajadores y la juventud, para mostrar los límites insalvables del nacionalismo burgués y reforzar un bloque político independiente.

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