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11 de abril de 2019 | #1544

[Editorial] Cómo enfrentamos el tenaz colaboracionismo de la CGT

Unamos a ocupados y desocupados por el paro activo de 36 horas

La jornada del pasado 4 de abril, a pesar de los esfuerzos en contra de la CGT, colocó en la agenda la cuestión del paro nacional. Claro, no fue por Daer y compañía, que diluyeron la movilización no yendo a la Plaza de Mayo y ni siquiera hicieron un acto. Como graficó una movilera televisiva, “Daer llegó a la 9 de julio y se tomó un taxi”.

La nota la dio el movimiento piquetero que lidera el Polo Obrero, que luego de un acto en la Plaza de Mayo junto al Plenario Sindical Combativo, marchó acompañado por los sindicatos clasistas a un formidable acampe en la Avenida 9 de Julio. Miles de desocupados derrotaron los intentos de represión montados por el gobierno. Desde ese lugar colocamos el planteo de paro activo nacional de 36 horas, para derrotar a Macri, al conjunto de la ofensiva ajustadora del FMI y de todos sus socios estratégicos de las distintas alas del PJ.

El frente moyano-kirchnerista “por el nuevo modelo nacional” (Fresimona) no tuvo mejor idea que quedarse en el Congreso “porque la sesión tuvo quórum”. Todo un mensaje de subordinación a las fuerzas que dominan la oposición patronal, empeñadas en maniobras demagógicas tendientes a mejor enchalecar a los trabajadores en el voto al recambio pejotista en octubre.

Veinticuatro horas después, el 5 de abril, el Boletín Oficial publicaba la convocatoria desde el Ministerio de Dante Sica a la “Comisión de Diálogo Social Tripartita” a la CGT, las CTA, Uatre y a todas las cámaras empresariales, desde la UIA hasta Adeba de los bancos, pasando por la Sociedad Rural. Tres días más tarde se conocía el decreto de devolución de unos 13 mil millones de pesos usurpados por el Estado a las obras sociales y un plan de pago en ¡10 años! de otros 18 mil millones de pesos. Pero aún así, las quebradas obras sociales sólo tendrán de inmediato 3.000 millones de pesos. El resto se irá otorgando con el dedo oficial a medida que “se liberen los fondos” de una deuda de Osde con el Estado y del pago de los intereses de un bono emitido en 2016. En definitiva, papel mojado.

Un pacto social no escrito está en marcha para maniatar al movimiento obrero hasta el año que viene y atravesar las elecciones con “paz social”. Como consecuencia volvió a la agenda del Senado el meneado proyecto de falso “blanqueo laboral”, que es un jubileo más de evasión y rebaja de aportes sociales y otro proyecto muy caro a la burocracia sindical: la Agencia de Evaluación de Tecnologías Médicas, un instrumento para enfrentar las demandas de los afiliados a las obras sociales.

Esta política de la CGT se da mientras recrudecen los Recursos Preventivos de Crisis. Ahora, en Altos Hornos Zapla, donde pueden perder el trabajo 300 obreros, o en Zanella marplatense. Arrecian los cierres de plantas como el intempestivo vaciamiento de Interpack I “por whatsapp”. Mientras tanto, la inflación de marzo apunta al 4%, llevando el índice anual arriba del 50%.

En tanto, el riesgo país trepa a las nubes (superior a los 800 puntos), haciendo usurario e inviable el crédito internacional, y las tasas internas al 65% haciendo inviable el crédito local. El FMI acepta el pedido de “perdón” argentino pero pide un ajuste adicional de 80.000 millones de pesos, porque la recaudación no garantiza el déficit cero. La crisis capitalista escala, sus consecuencias contra las masas también.

En este marco, se da el pacto social no escrito de la CGT, que adelanta los planes de Lavagna y de todos los sectores del peronismo y la centroizquierda que enarbolan una concertación de ese tipo como política del próximo gobierno. Su función es hacer pasar el descomunal golpe a los trabajadores, que está ocurriendo ahora mismo por la vía de los despidos masivos y la flexibilización laboral que los acompaña. La flexibilización se extiende desde las ramas en crisis como textiles, calzado o gráficos, hasta los monopolios telefónicos, los cuales, a pesar de sus enormes ganancias, se han desprendido de miles de trabajadores mediantes retiros voluntarios y han flexibilizado los convenios laborales de la mano de Foetra. La misma política seguida por el Sindicato Petrolero, por Atilra, Textiles o la Unión Ferroviaria.

Un programa y un plan de acción del clasismo es imprescindible: salario y jubilaciones equivalentes a la canasta familiar y actualización mensual por inflación, reparto de las horas de trabajo disponibles sin afectar el salario, ocupación de todas las fábricas que cierran o despiden masivamente, retrotraer los tarifazos y terminar con la dolarización y la privatización energética, apertura de libros de todas las empresas formadoras de precios, por un plan económico de los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas.

La Coordinadora Sindical Clasista ha propuesto al PSC dirigirse a las reuniones de las seccionales cegetistas que convocó el Fresimona de Moyano y Pignanelli, como al plenario de la CTA y al conjunto del movimiento obrero, con una declaración reclamando el paro activo nacional de 36 horas mediante un Confederal con mandato de las bases de todo el movimiento obrero, ocupado y desocupado. Y el Sutna en particular, desde su estado de movilización y de lucha a partir de la gran movilización contra el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) de Fate, se dirigirá también a todo el movimiento obrero.

Pero las cartas están echadas. La CGT no para y la CATT que agrupa al transporte, lo hará… para el feriado del 1° de Mayo. O sea, un día que no jode a nadie, salvo a los trabajadores que históricamente nos movilizamos de manera internacionalista el mismo primero. La burocracia opositora se orienta a un paro parcial el 30 de abril.

Así las cosas, la Mesa del FIT comenzó el debate del 1° de Mayo que tendrá enorme significación para colocar una clara referencia movilizadora de independencia de clase entre la masas, de cara a la lucha para acabar con el régimen del FMI y a la salida política de los trabajadores y la izquierda.

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