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19 de noviembre de 2015 | #1390

Merlo: la ocupación y la lucha continúan

La repercusión de la toma de tierras en Merlo colocó en el debate político electoral la crisis habitacional que atraviesa a todo el país.
 
Scioli -con Macri soplandole la nuca- desplegó un operativo de la Bonaerense y bajo la amenaza de desalojo abrió, 21 días después de iniciada la toma, un "canal de diálogo" para persuadir a las familias que procedieran a un "desalojo pacifico" (autodesalojo) posterior a un censo.
 
No hay posibilidad de desalojo pacífico cuando se violenta el derecho a la vivienda de más de 3.000 familias trabajadoras.
 
Las asambleas de vecinos que se llevaron adelante fueron contundentes: aceptaron censarse pero de ninguna manera abandonar el predio. Entienden que la ocupación es su herramienta de lucha y que si se van, el censo que se realizó quedará en el olvido junto con las promesas de urbanización.
 
Todo esto fue trasmitido por los delegados en una nueva reunión que se realizó con autoridades de desarrollo social. Allí, los enviados de Scioli dieron a entender que no habría respuesta a los reclamos de los ocupantes en los próximos días, más que el censo -a todas luces bastante precario.
 
Terminada la reunión los vecinos dieron una conferencia de prensa. Por primera vez se escucho la voz unificada de los vecinos de la toma que expresaron su voluntad de continuar en el predio en defensa del más elemental derecho a la vivienda y avanzar en la urbanización vecinal.
Durante este período, con asambleas e instancias de organización, el barrio va tomando forma.
 
Los vecinos también son conscientes de que los tiempos apremian, por eso el miércoles 25 se concretara la recorrida por la Legislatura bonaerense para recabar firmas de diputados a favor de una sesión extraordinaria para votar la ley de expropiación presentada por Guillermo Kane, que convertiría a las familias en ocupantes legales de sus tierras.
 
El domingo 15, el Partido Obrero realizó un actividad de apoyo a la toma, llevando la solidaridad y una declaración, denunciando a los gobiernos nacionales y provinciales por el descalabro habitacional, así como a los punteros de Othacehé y Menéndez, que utilizan la necesidad popular para su entramado mafioso. El recibimiento fue extraordinario por parte de los vecinos, logrando debates y reuniones en las precarias viviendas familiares, donde la Prensa Obrera fue aceptada y comprada por la mayoría.

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